
Aragón como nación, no puede permanecer mirando sólo dentro de su territorio. Nuestro proyecto de Construcción Nacional de Aragón, consiste también, en devolverle a Aragón su proyección internacional. Como pueblo debemos ser nosotros mismos, quienes miremos al mundo, que nos conozcan y seamos conocidos. Hoy en día, la riqueza de las naciones depende de su grado de internacionalización: La economía, el turismo, el desarrollo tecnológico, la investigación científica son las bases de las sociedades más desarrolladas.
Ser conocidos en el mundo, y por qué, es algo de vital importancia. Históricamente fuimos tierra de tolerancia y convivencia de culturas, entre judíos, árabes y cristianos. Recuperar ese espíritu, que caracterizaba a Aragón, y que continúa, ya que esta no es tierra de conflictos raciales o religiosos, y darle proyección internacional a través de una adecuada acción política de Gobierno, sería nuestra mejor tarjeta de visita en el extranjero.
La marca "Aragón" debe de tener su impronta propia, no solo como materia de acción política. El desarrollo de acuerdos comerciales internacionales, la proyección de los productos aragoneses en el extranjero, y por tanto de nuestras empresas, el turismo, dependen al final del conocimiento que se tenga de Aragón como ente diferenciado.
Aragón, un país por la tolerancia y la paz, es un país que puede tener mucho que decir en temas como:
1.- La paz internacional: Recuperando el rol por la convivencia que históricamente siempre fuimos.
2.- Los derechos de las minorías, y de los pueblos indígenas del mundo, de sus culturas y sus lenguas patrimoniales. Los aragoneses, tenemos la oportunidad histórica de salvar un patrimonio lingüístico y cultural de su extinción, como es el aragonés, servir de ejemplo y modelo, y actuar para este fin desde una visión de solidaridad internacionalista.
3.- La solidaridad internacional. Terminar con la pobreza, las desigualdades sociales, discriminaciones por motivos de raza, religión o sexo, siguen siendo parte de la realidad de nuestra civilización. El reto debe de ser conjunto, y Aragón debe de jugar su papel.
4.- Impulsar políticas de desmilitarización de territorios donde haya fuerte presencia de población civil, y esta presencia impida el desarrollo de su pleno potencial económico y social.
Pero también es hora de impulsar políticas de hermandad, es decir, de relaciones económicas y de acercamiento con emigrantes aragoneses y/o sus descendientes, mostrando a Aragón como un país abierto al mundo, no excluyente, y que da oportunidades a aquellos que emigraron para que puedan volver.
Un Aragón en el mundo, es sencillamente, la consecuencia natural de un Aragón fuerte, responsable, con desarrollo sostenible, progresista, social y rico. Es un reto que debemos plantearnos seriamente.